Vino una vez una viuda a mi oficina de El Verger y me comentó con disgusto que sus ingresos eran muy escasos ya que estaba cobrando solo el 52 % de la base reguladora de su marido como pensión de viudedad y seguro de vida no tenía, además no cumplía los requisitos para que su pensión de viudedad subiera al 70 %
A parte, su hija de 20 años estaba estudiando en la universidad, por lo que se veía con un problema económico importante.
Sin duda, habría tenido una posición más sólida si el fallecido hubiera contratado seguros de vida con rentas o capitales suficientes para complementar esa pensión pública.
¿Era correcto que esta viuda cobrara de pensión solo el 52%?
En la pensión de viudedad, el porcentaje general aplicable sobre la base reguladora es el 52 %, que es precisamente el porcentaje que indicaba la viuda que estaba cobrando.
Este porcentaje se calcula sobre la base de cotización del causante (el marido) que se calcula con una reglas que dependen del motivo de fallecimiento.
Este porcentaje puede incrementarse hasta el 70 % cuando el beneficiario tiene cargas familiares (hijos menores de 26 años o mayores con discapacidad que conviven con él) y se cumplen simultáneamente varios requisitos de bajos ingresos y de que la pensión de viudedad sea la fuente principal de ingresos.
Para 2025, la normativa fija un límite de ingresos anuales de la unidad familiar (24.979,40 €) para mantener el 70 %, y exige que los ingresos per cápita de la unidad familiar no superen el 75 % del SMI anual sin extras.
Además la pensión de orfandad de la hija es una prestación distinta y compatible, que se suma a la de viudedad sin impedir, en principio, cumplir los requisitos para el 70 % siempre que no se rebasen los límites de renta.
Implicaciones prácticas
En la conversación, la viuda confirmaba que sólo percibía el 52 % de la base reguladora, y estaba en trámites de solicitar la pensión de orfandad para la hija, lo que incrementaría los ingresos mensuales de la unidad familiar sin depender de que le suban el porcentaje al 70 %, si se lo aceptaban, claro.
Requisitos para acceder al 70 %: convivencia con hijos, ingresos familiares por debajo del 75 % del SMI per cápita, pensión de viudedad como principal fuente de ingresos, y un límite global de ingresos anuales (24.979,40 € en 2025) que, si se supera, obliga a reducir la pensión para no rebasar ese techo.
Si la viuda no cumple alguno de esos requisitos (por ejemplo, porque los ingresos de la unidad familiar se acercan al límite o ella obtiene otras rentas relevantes), la pensión se mantiene o vuelve al 52 %, con el consiguiente descenso de ingresos futuros.
En el contexto actual de cuantías mínimas, una viuda con cargas familiares podría alcanzar en 2025 unos 15.786,40 € anuales en concepto de mínima de viudedad, pero esto requiere que el sistema le reconozca dichos mínimos y que se ajusten a sus ingresos reales.
Ejemplo más común en España.
La base reguladora más común en Alicante es de 1.381 € mensuales, por lo que una pensión de viudedad de referencia al 52 % sería de unos 718 € al mes en 14 pagas (aprox.).
En números redondos, el cálculo sería:
Base reguladora: 1.381 €.
Porcentaje general de viudedad: 52 %.
Pensión mensual:
1.381×0,52≈718 € al mes, más las pagas extra prorrateadas si se expresan en 12 mensualidades.
Recomendación profesional
Desde la óptica de los seguros, la forma más robusta de que una viuda tenga mejores ingresos es combinar la pensión de viudedad y la orfandad con uno o varios seguros de vida que generen capital o rentas periódicas al fallecimiento del cónyuge.
Un seguro de vida con capital suficiente podría, por ejemplo, constituirse en renta temporal (10–20 años) o renta vitalicia, de manera que la viuda complemente su 52–70 % de base reguladora con una entrada mensual adicional, independiente de límites de la Seguridad Social.
Estos seguros de vida son compatibles con la pensión de viudedad: la normativa permite cobrar simultáneamente la prestación pública y el capital o renta del seguro sin que, en general, la existencia de este seguro reduzca la pensión, salvo en algunos casos muy específicos ligados a complementos por mínimos y límites de renta que deben estudiarse caso por caso.
En planificación, lo recomendable para familias con hijos es contratar seguros de vida de fallecimiento con capitales que cubran, como mínimo, varios años de gastos familiares, y, cuando sea posible, diseñarlos ya como rentas o conmutarlos en el momento del siniestro para garantizar estabilidad de ingresos a largo plazo.
⚠️ Consideraciones importantes
Es esencial revisar siempre la situación concreta de ingresos de la viuda y de la unidad familiar, porque el acceso al 70 % de la base reguladora exige cumplir varios requisitos simultáneos y, si se pierde uno, el porcentaje vuelve al 52 % con efectos desde el mes siguiente.
La pensión de orfandad debe solicitarse de forma expresa; no se genera “de oficio” en todos los casos, por lo que puede haber viudas que estén perdiendo ese ingreso complementario por desconocimiento.
La contratación de seguros de vida debe hacerse con previsión, pensando que cualquier cosa es posible porque somos humanos y sometidos a las fuerzas de la suerte teniendo en cuenta edad, estado de salud y capacidad de pago, para que el capital resultante sea suficiente y la prima siga siendo asumible en el tiempo.
Además, cualquier combinación de pensión de viudedad, otros ingresos y capitales de seguros puede tener impacto en la tributación (IRPF, rendimientos del trabajo o del capital), que conviene valorar con asesoramiento fiscal específico.
💡 Tip profesional
En familias jóvenes o de mediana edad con hijos, una estructura muy eficaz es: pensión de viudedad (52–70 %), pensión de orfandad para los hijos y uno o dos seguros de vida que garanticen una renta mensual adicional suficiente para cubrir vivienda, alimentación y estudios como mínimo durante los años clave, de forma que la viuda no dependa exclusivamente de la evolución de la pensión pública ni de los estrictos límites de ingresos exigidos para mantener el 70 %.
Como vemos, de nuevo, el seguro de vida se convierte en una herramienta fundamental. Lo que obtienes por lo que pagas no vale la pena no tenerlo como elemento prioritario de una estrategia financiera de una familia.
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