Me llamo Sebastián Ayala, nací en 1980 y he dedicado toda mi vida a los mercados financieros y a comprender como tomar las mejores decisiones para optimizar un patrimonio y sus riesgos. Y sigo en ello.
Oficialmente ahora soy un corredor de seguros, que también asesora financieramente a mis clientes. Podría decir que soy un asesor financiero atípico como resultado de mi trayectoria vital y de conclusiones muy importantes.
Cuando tenía 16 años descubrí «la bolsa», concretamente el mercado continuo español que es el mercado donde cotizan las principales empresas españolas.
Por aquel entonces consultaba «la bolsa» en el teletexto de la tv, y en un cuaderno anotaba simulaciones de algunas operaciones. Ahora a eso se le denomina «paper trading».
Pronto apareció internet y con esta herramienta todo se sofisticó. Aparecieron los primeros recursos en línea, las primeras webs, las primeras herramientas, y encontré el análisis técnico. Compré todos los libros que pude, descargué todos los pdfs en inglés. Y así empecé.
Estudié derecho, pero no me fue bien. Cambié a Administración y Dirección de Empresas, pero tampoco me funcionó. La razón eran unos problemas de ansiedad. Finalmente los superé, no abandoné, y con esfuerzo terminé mi grado en Administración y Dirección de Empresas. Comprendí que el análisis técnico estaba bien pero faltaba una base más importante, mas filosófica, el análisis es una herramienta pero si no sabes a donde vas y por qué haces las cosas te perderás. Un error grande puede destrozar todos tus aciertos previos: secreto de asesor financiero. Aprendí mucha economía, mucha filosofía de la economía. Y comprobaba la teoría en la práctica. Las piezas parecían cuadrar pero algo se nos escapaba a todos. ¿Si parecía cuadrar por qué no funcionaba de manera simple?
Hice un máster en la Bolsa de Valencia sobre mercados financieros. Quería trabajar en ello, quería ser asesor financiero, enseñar a la gente a hacer las cosas mejor. Este máster me permitió unas prácticas en una oficina de una sociedad de valores (lo que conocemos como un broker), en donde tuve mi primer contacto con clientes asesorándoles sobre valores de bolsa, planes de pensiones, fondos de inversión y trading. Llevaba mi traje y mi corbata, un asesor financiero típico. Pero por dentro muchas ideas nuevas iban tomando forma.
Allí pude observar varias cosas:
La primera es que las personas creen que saben mucho más de lo que realmente saben. No suelen hacer caso a su asesor financiero.
La segunda es que los mercados financieros provocan pérdidas a la mayoría de clientes (¿quizás 9 de cada 10 pierden dinero?). Una estadística muy conocida que sigue cumpliéndose pasen los años que pasen.
La tercera es que a mayor rapidez de querer ganancias y más apalancamiento el resultado eran mayores pérdidas. Es decir, los que ganaban, eran personas tranquilas que hacían una inversión y no la movían hasta que vendían.
Todo ello me marcó. Yo seguía operando por mi cuenta, tomaba nota de lo que veía, probaba cosas, desarrollaba mis propias herramientas: Una hoja de excel con mis propios ratios para valorar los mejores fondos de inversión del mercado. Aprendí a programar para crear mis propios indicadores de trading. Visual Chart, Pro Real Time, MetaStock, todo eso era mi vida. Lo utilizaba para asesorar a mis clientes.
A pesar de todo ese esfuerzo mi balance no terminaba de ser positivo. Unas operaciones buenas eran barridas por unas malas operaciones. Me pasaba exactamente igual que a los clientes. Y los clientes seguían arriesgando por encima de lo conveniente. Esa mezcla de trading personal con asesoramiento financiero a clientes, provocó en mi cabeza una tormenta de ideas brutal, y un día encontré un concepto clave: la volatilidad.
Comprendí que la volatilidad no solo era una estadística de un activo financiero, también era una estadística en nuestra vida: una enfermedad, un divorcio, un despido, un golpe de suerte, un suceso fortuito, la suerte, la mala suerte, todo eso estaba en los activos financieros pero también en la vida real. Pero parecía como si nadie quisiera verlo. A lo loco las personas toman riesgos.
Empecé a interesarme por el seguro. Porque es la herramienta que reduce la volatilidad, el riesgo en nuestras vidas. Sobrevivir para otro negocio, para otra oportunidad es clave. Querer ganar esta bien, pero tener un plan contra la mala suerte es clave, pero se menosprecia. Un asesor financiero debe dar consejos sobre inversión, pero también debe asesorar sobre tus riesgos vitales, en tu vida personal en tu negocio.
Por esa razón uno de mis lemas es: «El 90% de las personas no deberían tomar más riesgos en su vida de los que ya soportan, eso incluye por supuesto inversiones en mercados financieros que desconocen».
Otro es: «Tú ya soportas bastantes riesgos en tu vida personal, familiar y en tu trabajo como para encima arriesgarte en Bitcoin o cualquier activo de moda».
Y sigo convencido de esta idea. Si un asesor financiero no tiene clara esta idea, entonces no está asesorando correctamente.
Me saqué el título de corredor de seguros. Y me focalicé en los seguros.
Cuando me empapé del mundo asegurador, vi que en determinadas ocasiones, determinados casos, quizás pueda resultar interesante una inversión. Me di cuenta de que muchos asesores financieros simplemente repiten ideas preconcebidas. ¿Un plan de pensiones es bueno o es malo? Malo, malísimo, te dirá cualquier asesor financiero. Pero la respuesta es más compleja: depende. Y depende de tus circunstancias personales, familiares, y profesionales.
Lo mismo con Bitcoin, criptomonedas, bolsa, fondos de inversión, planes de ahorro asegurados, deuda pública, seguros de vida. Todo depende de tu momento personal, familiar y profesional.
Y apareció otra de mis ideas centrales:
«Todo tiene un momento para comprarse, todo tiene un momento para venderse».
Saber esperar genera un enorme dividendo inesperado: Cuando todos tienen miedo y deshacen sus inversiones en el peor momento posible, quien ha esperado ese momento hará una extraordinaria compra, una extraordinaria inversión.
Comprar barato y vender caro, ese es el secreto financiero que esta delante de todos los ojos pero que es tan difícil de dominar.
Así que esa es mi filosofía de inversión. Sé conservador, tapa primero tus riesgos vitales, familiares y profesionales, eso te permitirá sobrevivir. Ahorra mientras haya euforia, en momentos de euforia es difícil comprar bien, invertir bien, espera tu momento, como un arquero tensa el arco con la flecha cargada, esperando el momento justo, el «kairós» (según wikipedia «el momento oportuno», y entonces, habrá un momento justo en donde todas las probabilidades estén a tu favor. Compra. Invierte. Pero antes necesitas estar tranquilo, preparar la flecha, preparar el arco. Esa es mi filosofía.
¿Quieres a tu lado una persona con experiencia en mercados financieros propia, que haya probado todas las estrategias, conceptos, ideas y que además haya visto muchos clientes hacerlo? ¿Quieres a tu lado un asesor financiero que además tenga ideas filosóficas propias de como se mezclan activos financieros, riesgos y la vida personal? ¿Quieres consejos potentes que vaya más allá de colocar un producto por moda o por una comisión? Yo puedo ser esa persona y estoy muy cerca. Te estaba esperando.

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